La maldición de la A fácil
| by Chad Criswell | January 11, 2006
Muchos educadores actuales de la música crecieron para arriba en una época en que el estar en un conjunto estaba solamente sobre jugar la música para el concierto siguiente. No puedo recordar personalmente siempre el hacer de una hoja de trabajo o de ningún trabajo verdadero de la teoría de la música mientras que en High School secundaria. Se parecía que todo lo que tuve que hacer para conseguir una “A” fue venido a mis lecciones, al juego en los conciertos, y de otra manera a la estancia de apuro. La práctica exterior esperó pero no fue hecha cumplir. No realicé hasta muchos años más tarde que este método de enseñanza me había instalado por años de la mediocridad y de la frustración.
El efecto primario de dar a un estudiante una A para hacer el trabajo produce muy poco mucho el mismo efecto que vemos en sociedad donde la gente llegar a ser dependiente en el derecho programa. Siendo dado algo para nada mina lentamente la motivación de una persona y ablanda su iniciativa personal. En la sala de clase de la música esto traduce a producir a un músico estancado que no tenga ninguna fuerza impulsora para mejorar sus capacidades musicales. Por muchos años sufrí con preguntarse porqué los miembros de mi conjunto no mejoraban la manera que me sentía que deben. Finalmente concluí que era mi avería para no empujarlos difícilmente bastante. Había caído nuevamente dentro de los pasos de mi mentor y había estado poniendo hacia fuera las a fáciles a mis estudiantes sin importar lo que él mereció verdad.
La regla que califica del pulgar que se utiliza en otras clases se debe también utilizar en la sala de clase de la música. Esta regla del pulgar indica que una A debe ser reservada para el trabajo excelente mientras que la CA se da para el trabajo que es simplemente medio. ¿Si tomaras esta regla y la aplicaras a tus estudiantes, conseguirían el mismo grado que os diste en su tarjeta pasada del informe? ¿Cómo vinieron ganar la A que recibieron? ¿Estaba simplemente para demostrar hasta clase o había el encenderse que aprendía verdadero, comprobable?
El día que realicé mi error y comencé a requerir más trabajo de mis estudiantes el conjunto se parecía florecer casi de noche. Comencé a requerir dos horas de práctica casera cada semana, hojas de trabajo semanales de la teoría, y lecciones o sectionals privados obligatorios del grupo. Por el concierto siguiente veía ya una diferencia. Para el final del tercer cuarto los nuevos requisitos de la memorización de la escala que lancé en tenido dado vuelta mis vendas del jazz y del pep en los mejores grupos a que había conducido siempre. Las actitudes de mis estudiantes también cambiantes. Realizaron que mejoraban y que su trabajo duro pagaba de hecho apagado. Esto alternadamente los hizo interesada más en la ejecución y hecha que desean practicar aún más.
Quizás el más importante de todos, requerir a más de mis estudiantes también requirió a más de me como profesor. Comencé a leer los diarios educativos otra vez, determinado de mejorarse como conductor y como profesor. Comencé a escribir sobre mis experiencias para ayudar a la gente a mejorar y a aprender de mis errores. Estas cosas simples respiraron nueva vida en una carrera que estaba en el borde de ser consumido por la apatía. Amo el enseñar otra vez, y es toda porque finalmente me rompí libremente de los enlaces de ser director mediocre de la venda. Si cuidas para tus estudiantes y quisieras que vinieran amar y apreciar música tanto como lo haces, dar nunca otra vez el A. ausente y fácil.
El efecto primario de dar a un estudiante una A para hacer el trabajo produce muy poco mucho el mismo efecto que vemos en sociedad donde la gente llegar a ser dependiente en el derecho programa. Siendo dado algo para nada mina lentamente la motivación de una persona y ablanda su iniciativa personal. En la sala de clase de la música esto traduce a producir a un músico estancado que no tenga ninguna fuerza impulsora para mejorar sus capacidades musicales. Por muchos años sufrí con preguntarse porqué los miembros de mi conjunto no mejoraban la manera que me sentía que deben. Finalmente concluí que era mi avería para no empujarlos difícilmente bastante. Había caído nuevamente dentro de los pasos de mi mentor y había estado poniendo hacia fuera las a fáciles a mis estudiantes sin importar lo que él mereció verdad.
La regla que califica del pulgar que se utiliza en otras clases se debe también utilizar en la sala de clase de la música. Esta regla del pulgar indica que una A debe ser reservada para el trabajo excelente mientras que la CA se da para el trabajo que es simplemente medio. ¿Si tomaras esta regla y la aplicaras a tus estudiantes, conseguirían el mismo grado que os diste en su tarjeta pasada del informe? ¿Cómo vinieron ganar la A que recibieron? ¿Estaba simplemente para demostrar hasta clase o había el encenderse que aprendía verdadero, comprobable?
El día que realicé mi error y comencé a requerir más trabajo de mis estudiantes el conjunto se parecía florecer casi de noche. Comencé a requerir dos horas de práctica casera cada semana, hojas de trabajo semanales de la teoría, y lecciones o sectionals privados obligatorios del grupo. Por el concierto siguiente veía ya una diferencia. Para el final del tercer cuarto los nuevos requisitos de la memorización de la escala que lancé en tenido dado vuelta mis vendas del jazz y del pep en los mejores grupos a que había conducido siempre. Las actitudes de mis estudiantes también cambiantes. Realizaron que mejoraban y que su trabajo duro pagaba de hecho apagado. Esto alternadamente los hizo interesada más en la ejecución y hecha que desean practicar aún más.
Quizás el más importante de todos, requerir a más de mis estudiantes también requirió a más de me como profesor. Comencé a leer los diarios educativos otra vez, determinado de mejorarse como conductor y como profesor. Comencé a escribir sobre mis experiencias para ayudar a la gente a mejorar y a aprender de mis errores. Estas cosas simples respiraron nueva vida en una carrera que estaba en el borde de ser consumido por la apatía. Amo el enseñar otra vez, y es toda porque finalmente me rompí libremente de los enlaces de ser director mediocre de la venda. Si cuidas para tus estudiantes y quisieras que vinieran amar y apreciar música tanto como lo haces, dar nunca otra vez el A. ausente y fácil.
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